La energía gris
En el momento de proyectar un edificio que sea ecológicamente responsable, debemos siempre tener en cuenta que no hay ningún material o equipamiento que sean en sí sostenibles, sino que es a través del modo en que proyectamos y el modo en que los usamos, como se determina si funcionan o no de una manera sostenible a lo largo de su vida útil.
Es en la evaluación global de la sostenibilidad de un edificio a partir de los materiales y elementos empleados cuando el concepto “energía gris” cobra una enorme relevancia. Esta se define como la cantidad de energía necesaria para la fabricación, transporte, almacenamiento, venta y eliminación de un producto. Resulta claro por tanto que para evaluar los beneficios ecológicos de un elemento (ahorro energético y económico a largo plazo, bajas emisiones de CO2 u otros elementos contaminantes, durabilidad, reciclabilidad o reutilizabilidad…) no sólo se deben tener en cuenta los beneficios logrados durante la utilización efectiva del edificio, sino que se debe hacer un balance global entre la energía gris del elemento (la energía empleada para su fabricación, puesta en uso y eliminación) y los beneficios directos generados durante su vida útil, pues bien podría ser que la energía gris gastada no se vea nunca compensada por los beneficios directos de ahorro económico o energético durante el tiempo que el elemento sea utilizado, y en este caso, por más que éste pueda reducir nuestra factura de la luz, por ejemplo, no será un elemento “sostenible”.
Según la finalidad, uso, vida útil, etc del edificio, deberán plantearse diferentes estrategias de compensación de la energía gris, la cual se consume en las tres fases de un edificio: construcción, funcionamiento y demolición. Respecto a la primera, la estrategia inmediata de reducción de energía es la disminución de las dimensiones del edificio. Otras medidas son la reducción del peso de la estructura y de los elementos de fachada y cubrición, la sencillez formal y racionalidad de éstos, la incorporación de un buen aislamiento, la elección de materiales durables, incorporar instalaciones adecuadas y fácilmente sustituibles…
Cuanto mayor sea la energía necesaria para el uso del edificio, menor será la importancia del resto de las fases del edificio. Según la magnitud de las necesidades energéticas del edificio, se deberán plantear diferentes estrategias. En edificios de gran consumo energético, la racionalización de las instalaciones, los aislamientos y elementos de protección pasiva y la inversión en materiales durables juegan un importante papel. En edificios de poco consumo energético y larga vida útil es ventajoso seleccionar materiales de gran durabilidad, contrariamente a lo que ocurre con edificios de corta vida útil.

