Miércoles, Febrero 08, 2012
   
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Calculan la velocidad de adaptación al cambio climático de las especies y sus ecosistemas

altSINC Norteamérica. Científicos estadounidenses han calculado la velocidad a la que las especies animales y vegetales, y sus ecosistemas tendrán que adaptarse al cambio climático durante los próximos 100 años. El estudio demuestra que los ecosistemas tendrán que trasladarse unos 420 metros al año para adaptarse al ritmo del calentamiento global.
Muchas especies animales ya están en movimiento como respuesta a los cambiantes patrones climáticos. Investigadores de la Academia de Ciencias de California (EE UU), el Instituto Carnegie de Ciencias, la Institución Central Clima, y la Universidad de California en Berkeley (EE UU) han determinado esta distancia.

Según el estudio, los habitantes de las montañas podrán moverse más despacio, ya que un pequeño desplazamiento hacia arriba o abajo puede suponer un gran cambio de la temperatura. Sin embargo, los ecosistemas más llanos, como los pastizales inundados, los manglares y los desiertos, tendrán que moverse mucho más deprisa para permanecer en una zona cómoda. En algunos casos, supone más de un kilómetro al año.

El equipo ha calculado la velocidad del cambio climático mundial combinando datos de los patrones climáticos y térmicos actuales de todo el mundo con un enorme conjunto de previsiones de modelos climáticos para el próximo siglo. Sus cálculos se basan en un nivel “intermedio” de previsión de emisiones de gases de efecto invernadero durante el próximo siglo (la previsión de emisiones A1B del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático -IPCC).

Con estos niveles de emisiones, la velocidad del cambio climático se prevé que sea más lenta en los bosques de coníferas tropicales y subtropicales (80 metros al año), los bosques de coníferas templados (110 metros al año) y los pastizales y matorrales de montaña (110 metros al año). La velocidad del cambio climático se espera que sea más rápida en las zonas más llanas, incluidos los desiertos y los matorrales áridos (710 metros al año), los manglares (950 metros al año) y los pastizales inundados y las sabanas (1.260 metros al año).

Según los científicos, la vulnerabilidad de cada uno de estos biomas depende no sólo de la velocidad media del cambio climático que experimente, sino también de los tamaños de las zonas protegidas en las que se encuentre. Uno de los ejemplos es que la velocidad del cambio climático sea alta en los desiertos, pero esta amenaza se ve mitigada por el hecho de que las zonas protegidas tienden a ser más grandes en el caso de los desiertos. Por otro lado, el pequeño tamaño y la naturaleza fragmentada de la mayoría de las zonas protegidas de biomas mediterráneos templados de angiospermas y de bosques boreales hacen que estos hábitats sean especialmente vulnerables.

En el caso de las especies que sólo toleran un rango estrecho de temperaturas, las previsiones de velocidad del estudio son una aproximación que se acerca a las velocidades de migración necesarias para evitar una posible extinción. Casi un tercio de los hábitats del estudio tienen velocidades que superan hasta las previsiones más optimistas de migración de las plantas, lo que indica que las plantas de muchas zonas no serán capaces de adaptarse al clima cambiante.

“Todavía más problemático es el hecho de que los hábitats naturales se han visto enormemente fragmentados por el desarrollo humano, lo que dejará a muchas especies sin sitio adonde ir, independientemente de sus ritmos migratorios”, señalan los científicos.

www.oei.es

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